Saturday, August 26, 2006

La Fiesta del Domingo

La noche cae sobre Bogotá mientras las cosas parecen llenarse de soledad. Las calles vacías dejan que sobre ellas se acueste un frío que las cubre. A lo lejos, por donde el horizonte esconde su nombre, se pierden los ojos de algunas personas. Las demás descansan en sus casas frente a la TV, están en alguna sala de teatro viendo una película o simplemente se preparan para la nueva semana que entra, una rutina laboral que enceguece. Los acordes de la música electrónica entran por mis oídos mientras continúo mirando el horizonte por el que es posible apreciar las luces de los aviones lejanos aterrizando en el aeropuerto. Eso es lo bueno del Cha Cha bar: es posible apreciar al Gigante Herido en toda su dimensión. Me volteo y me encuentro con la mirada de mi chica. Habla con un amigo de ella que frecuenta mucho estas fiestas. Están con uno de los dueños de la rumba. Me llama y camino hacia ellos. Le confirmo que hago un reportaje sobre la vida nocturna. Le digo que es bueno documentar las cosas para dejar un registro de ellas. Al lugar han ido entrando muchas personas, aunque no está abarrotado de gente. Me mira con cierta incredulidad. No sé si le molesta que irrumpa en su intimidad o si lo hemos tomado por sorpresa. Al lado nuestro un par de hombres se besan mientras otro luciendo un bikini anaranjado fosforescente baila al compás de la música, sosteniendo en sus manos una pelota playera del mismo color. Está parado sobre un redondel de aserrín que emula una playa sobre la que hay una asoleadora y un televisor de pantalla plana con la imagen detenida de un barco pesquero en la mitad del mar.

El nombre de estas fiestas que se hacen los domingos cada quince días es Sungay parties. Su nombre juega con la palabra en ingles para el domingo, Sunday, y la palabra gay, a quienes va dirigida la fiesta.


- Intentamos resaltar un icono homosexual en cada una de las fiestas - me dice el hombre que luce un poco intranquilo. Más adelante me entero que su novio no ha llegado y que eso lo tiene “como un gato”. Descanso al saber que no es la crónica lo que lo intranquiliza. Dice que éste tipo de fiestas se celebran en las capitales más importantes del mundo y que en Colombia apenas se están introduciendo. El lugar luce cada vez más lleno. Algunos hombres que acaban de llegar se abrazan con otros.

Una fiesta un domingo no es muy frecuente. Mucho menos en una ciudad como Bogotá, que apenas se está abriendo ante las nuevas tendencias del mundo. Los hombres parecen estarla pasando bien. Se ríen entre si, se miran y bailan juntos. Es evidente que el ambiente del lugar los acoge sacándolos del mundo que late afuera. El hombre me comenta que el homosexual es una persona depresiva por múltiples razones, como la de no tener hijos. Dice que el domingo es un día lúgubre y que en ese orden de ideas una rumba ese día los saca de la depresión ya que lo convierte un día común en el que pueden irse a tomar unos tragos, pasar un rato agradable en compañía de sus amigos, sin pensar en tantas cosas que se pueden cruzar por su cabeza. Me habla de la soledad homosexual dando a entender que antes de que las fiestas se hicieran, aquellos días dominicales que enfrentan a la gente con su propia existencia, la soledad le caía encima así como el frío afuera cae sobre la calle vacía.


La gente baila con la ciudad como telón de fondo. El sitio se ha ido llenando casi por completo. Todo marcha muy tranquilo como cualquier otra noche en aquel bar, al que acuden hombres y mujeres al disfrute de un ambiente elegante y agradable, que utiliza la decoración barroca de otra época. El ambiente que se respira es de tranquilidad antes que de algarabía y lujuria. Algo muy distinto al desenfreno de una rumba gay que se vive un viernes o sábado en el Teatrón, cuando las personas están exaltadas y se dejan llevar por el influjo del alcohol y las drogas.

Continúa diciendo que se trata de fiestas temáticas. Al fin y al cabo todos sabemos que la playa supone un lugar paradisíaco en el que las personas se olvidan de sus problemas al disfrute de la vista y el arrullo de las olas. Bebo un sorbo de cerveza y lo escucho con atención. Hay todo un concepto desarrollado que las describe.

La rumba por lo general comienza al anochecer - 6:30 p.m. en Bogotá -, va adquiriendo una inercia hasta las 9:30 p.m. hora en la cual logra su clímax, extendiéndose hasta altas horas de la madrugada para aquellos que lo resistan y puedan ir el lunes a trabajar luego de haber rumbeado desde el jueves anterior sin parar.

- Así es esta vida, no se tienen hijos pero se vive de fiesta – termina diciendo.


Más tarde en la noche el hombre del bikini abandona su playa, camina al salón principal del bar y se sube a la barra para bailar en ella. La gente continúa bailando, mientras que la noche del domingo se va haciendo vieja y la nueva semana se dibuja sobre el oscuro horizonte de la noche. Salgo a la terraza con mi chica y observo al Gigante Herido. Me abraza mientras me pierdo en el horizonte pensando en que para muchos de estos hombres la oscuridad no se encuentra en la noche sino en el día cuando vuelven a sus vidas normales y es posible verlos cargando una profunda soledad en sus rostros.

Sunday, August 06, 2006

Las Líneas Soñadas

Aterrizamos por la tarde. El moderno aeropuerto de Lima era toda una revelación así como lo había sido el de Cuzco. Cambiamos nuestros tiquetes y sin perder tiempo averiguamos cómo podíamos irnos hasta Nazca. Tomamos un bus a la terminal en donde compramos los pasajes. Al cabo de algunas horas emprendimos el viaje soñando con las líneas que de chicos habíamos oído hablar tanto. El misterio se tendía como la oscuridad de la noche. El autobús rompía el aire de madrugada. Bordeábamos el pacífico hacia el sur imaginando naves espaciales. El cielo en el hemisferio pintaba estrellas lejanas. Tal vez ellas tuvieran las respuestas a tantas preguntas. A las tres y media descendimos con nuestros morrales y el bus continuó rumbo a Arequipa. Nos abordó un hombre que dijo trabajar para una de las compañías aeronáuticas que sobrevuelan las líneas. Nos fuimos con él hasta un pequeño hotel al otro lado del poblado esperando el amanecer. Un sentimiento novedoso se acrecentó cuando los primeros haces de luz se pronunciaron en las polvorientas calles de Nazca, en las que llueve una sola vez cada dos años y por escasos minutos.

Situada a exactos cincuenta kilómetros del mar pacífico y a otros exactos cincuenta kilómetros de la cadena montañosa de los Andes, la ciudad ha sido tumbada varias veces por repetidos terremotos, lo que hace que su aspecto por sectores se vea ruinoso. Un tono ocre la pinta recordando que se ubica en una zona árida. A pocos kilómetros de allí se encuentran las dunas de Ica.

A las siete de la mañana una camioneta llegó a buscarnos. Un sol brillante escalaba el horizonte. Nos presentaron a nuestros nuevos compañeros de aventura. Un coreano y una pareja danesa. El hombre, un viejo escandinavo de barba blanca, dijo estar cumpliendo uno de sus sueños de infancia. Por fin vería las míticas líneas de las que tanto había oído hablar desde chico. Yo mismo recordaba a mi padre hablándome de ellas como si fueran la prueba de que el hombre no está solo en el universo.

Rumbo al aeropuerto pensé en la condición de invisibilidad, sospechando que tal vez sea eso lo que genera en ellas tanta fascinación y misterio. Al fin y al cabo sólo pueden ser vistas desde arriba, lo que induce a pensar que en épocas antiguas, cuando la tecnología del hombre estaba muy lejos de conocer el vuelo, éramos visitados por seres de otros mundos. La autopista panamericana cruza la figura del lagarto por la mitad, porque al momento de su construcción nadie sabía de su existencia. En 1927 el arqueólogo Mejía Xespe fue informado acerca de la presencia de unos misteriosos geoglifos, y dos años después el estadounidense Paul Kosok ratificó su existencia.

El torrente en mi sangre se disparó con la aceleración de la avioneta sobre la pista de despegue. Se elevó. En nuestros rostros se dibujaron sonrisas de esas que se pintan pocas veces cuando uno se sabe próximo a vivir una experiencia irrepetible. Encaminada hacia la primera figura del recorrido, pudimos ver la belleza de las pampas de Nazca. Con gran emoción nos inclinamos sobre la ventana del avión, cuando el piloto indico la figura del astronauta. La sobrevoló en círculos y nos dirigimos hacia la araña pensando en la maravilla arqueológica que veíamos. La avioneta continuó su recorrido sobre la figura del colibrí, el cóndor, las manos, el árbol, el loro, la ballena, el perro y el mono, quien parece estar en disposición de aprisionar en sus manos un objeto. Pensé en la geometría de las formas y la exactitud con la que se combinan cuadrados, triángulos, líneas zigzagueantes, líneas oscilantes, centros estrellados y espirales, formando un mosaico de figuras artísticas.

Sobrevolamos el acueducto cuya panorámica desde el aire forma una serie de profundas espirales en piedra sobre una línea recta, y nos dirigimos al aeropuerto en donde aterrizamos consientes de ser muy afortunados al haber visto como lo hacen los dioses, uno de los más grandes misterios de la humanidad. Una de las tantas teorías afirma que toda la pampa es un gran santuario religioso.

Nos tomamos la foto de rigor junto a la avioneta y luego vimos un video de media hora sobre Maria Reicht, una enfermera alemana que dedicó su vida al estudio de las líneas y concluyó, luego de cuarenta años de estudio abnegado, que se trata de un gran calendario astronómico. La teoría del alemán Erich Von Daniken, quien en su libro La respuesta de los dioses, afirmó que las líneas son pistas de aterrizaje para naves extraterrestres fue desvirtuada por ella.


Alquilamos los servicios de un guía que nos llevó en carro al museo de María Reicht, al lado de la carretera panamericana, en donde a poca distancia hay dispuesta una torre para ver desde lo alto las figuras del árbol y las manos. Recorrimos la planicie entre el calor sofocante, viendo sobre el horizonte las avionetas circunnavegar las líneas. Más tarde visitamos las ruinas de una ciudad Nazca, la figura de un telar que puede ser vista desde un cerro y el acueducto, escuchando por boca de nuestro guía algunas otras teorías, como la que supone que las líneas y figuras son puntos que señalan el enramado de un gran acueducto subterráneo.

Nos embarcamos en un bus a Lima por la noche con una extraña sensación, pensando que así María Reicht le haya dedicado su vida al misterio de las líneas, en realidad nada se sabe a ciencia cierta. Aparte de los estudios y suposiciones continúan siendo un enigma. Recostado contra la ventana viendo de nuevo a las estrellas lejanas que se pintaban sobre el hemisferio, me pareció ver unas luces suspendidas en el cielo. Las miré con detenimiento, pensando que en unas tierras en las que todo está en entredicho, puede asaltar la duda en cualquier momento.

eXTReMe Tracker




Sobre mí

Eduardo Bechara Navratilova nació en la ciudad de Bogotá, el 9 de noviembre de 1972. Es hijo de un padre de origen libanés y una madre checa. En 1993 fue condecorado con la medalla Juan Bautista Solarte, otorgada al mejor soldado del cuarto (4to) contingente de 1992, de la Dirección de Reclutamiento Nacional de Colombia. Se graduó de derecho en la Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia, 1999, y se especializó en derecho comercial en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, Colombia, 2000. Luego de trabajar durante tres (3) años como abogado, realizó un viaje de seis (6) meses por Europa Occidental, Europa del Este, México y Canadá, y volvió a Colombia a publicar la novela “La novia del torero”, 2002, editorial La Serpiente Emplumada. Se graduó de literatura en la Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia, (2005), y publicó su segunda novela “Unos duermen, otros no”, 2006, editorial Escarabajo. Es conferencista y profesor de talleres de literatura. Escribe crónicas de viaje y hace Reportajes Gráficos para el periódico El Tiempo de Colombia. En el 2007 se recorrió toda la costa brasilera pidiendo fondos para los niños pobres con cáncer (ver más acá). Es escritor independiente para otros periódicos y revistas literarias. El ser humano y su comportamiento dentro de la urbe contemporánea es su tema de fondo. En la actualidad realiza una Maestría en Escritura Creativa en la universidad de Temple, Filadelfia, Pensilvania, Estados Unidos de América.



Fotos

www.flickr.com
This is a Flickr badge showing public photos from Eduardo Bechara Navratilova. Make your own badge here.