Cuaderno de viaje “En busca de poetas” – Reporte 12 – S.O.S. Glaciar Perito Moreno
Los primeros rayos del día me
hacen abrir los ojos. Viajar sin hacer pausas atrasa el cuaderno de viaje.
Pensar que ya es veinte de febrero y apenas he visitado cuatro sitios me
angustia. A este ritmo llegaré a Colombia durante el segundo semestre del año. Es
evidente que la tarea es más dispendiosa de lo imaginada. La lista de libros
que me gustaría escribir antes de morir está en pausa, así como lo está la
intención de irme a vivir a Praga, tener una familia, emular a mi papá en el
trato que me dio con aquellas personas a las que he de llamar hijos, si es que
llegan a existir. Lo pienso durante la ducha, en el desayuno, al picar las
ciruelas y duraznos.

Dejo las maletas en el depósito
del Camping de dos Pinos y subo a Borges & Álvarez Libros Bar. Aún está
cerrado. Me ubico en una de las mesas de afuera y encuentro algo de sosiego al
abrir el computador y empezar a trabajar en el cuaderno de viaje. El par de horas
se van de una página a otra. A las once subo al segundo piso y me encuentro con
Fernando. Toma unas fotos y me hace preguntas que va consignando en su
grabador.
—¿Ya te conociste con “Pepe”,
José Ángel Amarilla?
—Lo he querido hacer. ¿Tienes su
número?
Lo llamamos y queda en llegar al
café.
—En El Chaltén te recomiendo ir a
la Chocolatería de Anabel. Ella te puede llevar a poetas. Hay un periódico
llamado La Cachaña con el que te puedes contactar.



Me da otros datos y al ver llegar
a José Ángel se levanta a saludarlo. Me desea buena suerte y nos despedimos. Le
cuento a “Pepe” el proyecto. Comenta que está muy preocupado porque quieren
construir una pista de esquí frente al glaciar Perito Moreno. Abre su libro de
cuentos “@trapasueños” y ubica un poema llamado “Península de Magallanes”, donde acusa la intensión.
“Península de Magallanes: Mujer
deseada...
te persiguen los lobos, en feroz
manada;
por eso te escribo —en el aniversario
de tu lago profundo de azul
milenario—
con versos de angustia, de bronca
y de furia.
Península de Magallanes: Mujer
deseada...
tentación de ángeles, envidia de
Hadas,
no permitas que esos hombres
ultrajen tu alma,
hiriendo tu cuerpo de piel
perfumada.
Península de Magallanes: Mujer
deseada...
no permitas que el cemento, ensucie
tu cara
¡Si has enamorado a los Dioses,
con la belleza glaciaria,
de tu cara lavada!
Península de Magallanes: Mujer
Deseada...
de estepas agrestes y cumbres
nevadas;
de lengas añosas, de bosque
frondoso,
cascadas de ensueños… florecidas
de notros,
de témpanos blancos y castillos
de hielos,
de orquídeas salvajes y
silvestres canelos.
Península de Magallanes: Mujer
deseada...
si para protegerte aquellos
pioneros,
se han ido allá… lejos, a fundar
otro pueblo,
renunciando a tu cuerpo y a mamar
de tus senos,
no permitas que el “progreso” —nombrando
un “mañana” —
penetre tu cuerpo, con fuerza y
con saña,
matando tu encanto de virgen
mundana.
Y matando a ese pueblo de viejos
pioneros,
que se irán contigo, en romántico
idilio,
danzando la danza… de un pueblo fantasma”.
—Cualquier emprendimiento
inmobiliario o comercial sin un estudio de impacto ambiental provocaría un daño
irreversible a un área frágil. —Tensiona los músculos faciales al decirlo—. El
glaciar es hermoso como es. Casi virginal. Y esa zona le da un marco muy
particular.
—A mí me pareció hermosa la
naturaleza alrededor.
—Si se talan los bosques no solo
se perdería la flora sino la fauna que vive en un estado natural.
—Me parece inconcebible el solo
hecho de pensarlo.
Le leo la descripción que hice
ayer volviendo del glaciar y me da la mano.
—Compartimos el mismo interés. ¿Imagínate
que sea remplazado por una jungla de cemento?
—Por dinero se hace cualquier
cosa.
—Al poema lo escribí en 1994 y
todavía estamos luchado, casi veinte años después.
—No pueden desfallecer.
—Claro, pero a veces nos sentimos
impotentes con los funcionarios públicos que hacen oídos sordos y esconden
oscuros intereses.
—¡Es que no te lo puedo creer!
—Lo escribí en diez minutos porque
escuché en las noticias locales que se discutía la posibilidad. Eso me llevó a
imaginar lo que significaría la tala de árboles, la construcción de edificios y
la contaminación del lago por cuenta de los desechos cloacales. Sentí una
enorme impotencia de que mis nietos no pudieran conocer esos hermosos lugares
que yo conocí en un estado casi virginal.
—Da mucha rabia escuchar esto.
—Eso mismo me inspiró a
escribirlo desde adentro, como un grito de desesperanza y de auxilio ante la
humanidad. Por ahí me arrepiento del título “Península de Magallanes”, ya que quien no es de aquí no lo
relaciona con el lugar. El título ideal hubiera sido “S.O.S. Glaciar Perito Moreno”, como un pedido de socorro a la
humanidad.
Pasamos a otro tema y me comenta
que es narrador.
—La poesía la escribo como una
necesidad interior. La narrativa me fluye más. —Cambia de tema—. Yo no soy de
este lugar, soy de Santiago del Estero.
—Lo sabía por tu acento.
Me muestra el poema “Santiago mi tierra”, incluido en su
primer libro “Alhena y mucho más”.
“Para quienes no conocen Santiago
del Estero
y suponen que mi pueblo solo es
un roncar de siesta
yo les contesto: Santiago es esto.
...Es noche alegre, es chacarera,
es vino fresco.
Pero en mi provincia, no todo es
fiesta;
Santiago es también labrar la
tierra a luna llena,
leñar quebrachos en madrugadas,
cosechar la siembra en plena
siesta.
Santiago es sol ardiente… blanca
salina,
pero también es río: Dulce o
Salado;
Santiago es Don Sixto en
Salavina,
cantando en quechua al Miski
Mayu.
Santiago es Sachayoj, mi pueblo;
Dios del monte en los
quebrachales,
Sumampa con sus Ojos de Agua
...Vilmer con sus naranjales.
Santiago es mil parajes
es carbón y leña en los obrajes
Pan casero, chivito al horno,
rico chipaco.
...Y en la costanera es el Parque
Aguirre
preñado en rosa por sus Lapachos.
Santiago es el recuerdo vivo, de
mi padre ausente
y es mi propia madre amasando
vida;
Santiago es mi hermano pobre, que
va descalzo,
dejando huellas, en la misma
tierra que lo calcina.
Y aunque redobla esfuerzo,
por un destino que lo margina;
nada le quita ese canto alegre,
ni la sonrisa.
Santiago, es la tierra madre de
mis afectos;
y lo que entonces era, el humor
risueño de mis amigos;
es también ahora, la triste
ausencia, de mis pequeños.
Santiago... Santiago soy yo:
¡Nunca te olvido!”
—El libro se ganó la edición en
un concurso internacional de Cen editores con un cuento titulado “Caperucita
roja en tiempos de default”. Una parodia a la crisis del 2001, al “Corralito” y
a la frivolidad de los noventas —se queja—. Y te cuento que no ha cambiado
nada. A eso se le ha agregado una corrupción extrema y autoritarismo.
—Por favor no desfallezcan en la
intención de salvar al Perito Moreno de la mano del hombre —insisto.
—Yo hice todo lo contrario a los
fines comerciales porque el compromiso que tengo es con la sociedad.
Me pregunta qué planes tengo,
hace una llamada y dice que me invita a almorzar a su casa. Nos montamos en su
Alfa Romeo, recorremos un par de cuadras y parquea en una entrada.

—En esta casa funcionaba una
posada que tuve que cerrar. De habernos conocido antes te hubieras podido
quedar aquí. Estar en contra de las tretas de los gobiernos me ha generado una
crisis económica, aunque eso no me importa. Voy a seguir luchando en contra de
sus atropellos y su corrupción.
Cruzamos la puerta a mano izquierda
y me presenta con María Elena Muller, su pareja, quien me recomienda preguntar
por la “Tere” Torres en El Chaltén.
—Es la dueña de un café llamado
La Lucinda. Es maestra jardinera. Fuimos colegas. Ella te puede llevar a
poetas. —Comenta que
a través de su hija me puede contactar en Buenos Aires con Enzo Maqueira que es
amigo de Federico Andahazi—. Él le hizo el prólogo a Enzo y Enzo presentó a
Andahazi.
Tomamos un par de fotos. En la
segunda “Pepe” nos abraza. Sale con su camisa blanca, el rostro bien afeitado y
las canas que empiezan a cubrir los bordes de sus sienes. María Elena lo hace con
una sonrisa dulce, la cabeza ladeada y las gafas de sol en sus manos.
Pio, el hermano de “Pepe”, entra
y mezcla unas lentejas dentro de una olla. Prueba su sabor con una cuchara de
palo.

Les cuento que el año pasado
estuve una temporada en Frías, Santiago del Estero, y sé cantar “Santiagueñadas”
de Los Manceros Santiagueños. Les hago un breve recuento de mi historia con
Eduardo Bechara Baracat al tiempo en que busco la letra de la canción en
google.
—Se las voy a cantar, aunque
interpretar una chacarera sin el acompañamiento de una guitarra es más difícil.
A “Pepe” le brillan los ojos.
“(Chacarera Doble)
I
Algarrobo y quebracho
Tuscas y salitrales
Arenales calientes
cuando llega el verano
cosas que tiene el pago
ay mi Santiago
Lechiguana y piquillín
Hachas en los obrajes
Y el sudor y coraje
Es un potro salvaje
El hombre de mi pago
Ay mi Santiago
Vidaleros de noche
Por los montes cantando
Salamancas y duendes
Hasta el alba bailando
Por los viscacherales
Ay mi santiago
Serpentina y trincheras
Chacarera y malambo
Carnavales de antaño
Y esa riña de gallo
Qué lindo allá en mi pago
Ay mi Santiago
II
De la siesta al misterio
el dulce y el salado
el bombo y la guitarra
Alegrando las farras
Como olvidar todo eso
ay mi Santiago
Guagüita llanto y dolor
Alabanzas y rezos
Niñas enamoradas
Y el corazón que manda
Sentimientos del alma
Ay mi Santiago
Milenario es el quichua
La luna entre los cardos
Un coro de coyuyos
El surco y el arado
Mil flores perfumando
Ay mi Santiago
Serpentina y trincheras
Chacarera y malambo
Carnavales de antaño
Y esa riña de gallo
Qué lindo allá en mi pago
Ay mi Santiago”.
Hago mi mejor esfuerzo y la
termino de cantar arrastrando la r, como es costumbre allá.
—Che, mirá, ¿podes creerlo? —Le
dice “Pepe” a su hermano.
Pio niega. Es de pocas palabras.
Aunque sus gestos de nostalgia evidencian que le llegó al corazón. Pone la olla
junto a los bifes de hígado salteado con cebolla y morrón. Pasamos a la mesa. Las
lentejas condimentadas saben de forma suculenta. Las quiero devorar aunque
aplaco el deseo. Las cómo sin afán. Saboreo cada bocado.
—Además de hacerle una oda al
amor, los escritores debemos tener un compromiso con la sociedad y ser la voz
de los que no tienen voz —comenta “Pepe”—. Bienvenidas todas las vicisitudes
por las que pasaron mis hijos por aportar un granito de arena para una sociedad
mejor.
Luego del almuerzo María Elena se
despide y “Pepe” me da un tour por el lugar. Aparte del ambiente en el que está
el computador y comedor junto a la cocina, hay un cuarto de paredes blancas con
un baño.
—Es chiquito —comenta.
—Pero muy acogedor.
Salimos y entramos por la puerta
principal de lo que antes era la posada. Las luces apagadas oscurecen los
corredores. “Pepe” me cuenta que a partir de mediados de 2004 hubo una ola de
emprendimientos en la que funcionarios públicos eligieron a El Calafate para
invertir en negocios de hotelería y la sobre oferta hizo muy difícil competir.


—Esa situación sumada a mis
deudas contraídas principalmente con la AFIP por declarar los ingresos de la
actividad (como entiendo que corresponde a un ciudadano responsable con su
comunidad), me generó una deuda que me llevó a una situación insostenible,
sumado a tres juicios de tres ex empleados azuzados por algunos personajes inescrupulosos. Lamentablemente
dos de esos tres empleados son familiares a quienes había traído de mi
provincia para ayudarlos.
Termina el tour frente a un par
de cuadros en los que están escritos “Península
de Magallanes” e “Intrépida Ranita”.
“A mi corazón no le basta con
tenerte
atrapada entre recuerdos.
Y aunque te quiero - y anhelo-
con imagen de sueño
extraño el calor, el perfume y
la armonía de tu cuerpo.
Extraño acariciar levemente tus
cabellos;
atrapar tu rostro entre mis
manos,
acurrucarte entre mis brazos
y
beber sediento de tus labios.
Extraño el brillo intenso de tus
ojos,
la profundidad de mar de tu
mirada
y esas dos pequeñas lunas,
que amamantan y agigantan
nuestras ganas.
Extraño el candor de tus gemidos
y ese perfume que embriaga mi
sentido.
Extraño el frenesí que me provoca
ese momento
tan intenso...
cuando cual intrépida ranita
saltas y me atrapas con tu boca”.
—Se lo dediqué a María Elena
quien ha sido la musa inspiradora, pero además me animó a publicar mis
escritos.
Volvemos a su casa y al poco
tiempo entra un joven en los veintes.
—Tú eres mago —le comento.
—¿Nos conocemos?
—Ayer estabas haciendo trucos en Borges
& Álvarez Libros Bar. Yo estaba con unas poetas y por culpa de tu vozarrón
nos tuvimos que cambiar de mesa.
Se disculpa.
“Pepe” me lo presenta como Martín
Lecce.
—Che, yo también escribo. He
hecho algunos intentos con la poesía aunque mi fuerte es la novela. Trae su
computador, nos lee un poema y hacemos un poco de taller. Nos comienza a leer “Creimers: Origen cero” el
inicio de una novela de ciencia ficción que lleva años escribiendo. Termina y
levanta la mirada.
—Te voy a decir por qué muchos elementos
funcionan. Tiene estructura dramática, es decir que comienza con la descripción
del lugar en el que se va a realizar la acción. El mundo de ciencia ficción
tiene unos códigos propios que la narración respeta, los diálogos son precisos
y mueven la historia hacia adelante, las imágenes son claras y la caracterización
de los personajes los hace interesantes —Martín me mira con atención—. Te
recomendaría trabajar en las costuras. Esos saltos de un tema a otro que son
como las costuras de un traje de vestir y deben quedar imperceptibles —paso el
dedo por la costura de la manga en mi propia camiseta—. Las finas o burdas
muchas veces te marcan la calidad de un traje… Te felicito, en realidad, porque
esa obra tiene mucho potencial.



Martín hace cara de orgullo.
—No pensé que escribieras, che —comenta
“Pepe” con sorpresa—. Deberíamos llamar a Fernando Corvalán. Un juglar que
conozco. ¿A qué hora sale tu colectivo?
—A las cuatro.
—En una hora y media. Qué
tristeza. ¿Y no te podés ir más tarde?
—Ya compré el boleto. Esperemos a
ver qué dice.
“Pepe” le marca y Fernando queda
en pasar un momento. A los cinco minutos entra por la puerta. Debe estar al
final de los cincuentas. Es flaco, un poco desgarbado y de tez morena. Lo
imagino con una guitarra. “Pepe” nos presenta.
—Encantado —digo y estrecho su
mano.
—¿Te quedás un rato? —Le pregunta
“Pepe”.
—No puedo dejar esperando a mis
clientes. Me tengo que ir.
Pienso en sacarle una foto.
Documentar el encuentro así sea fugaz. El juglar sale apurado, se monta en un
vehículo y pone reversa. Me quedo con un vacío en el estómago.
—¿Qué pasó?
—Es remisero y tiene que ir al
aeropuerto.
—¿Y si lo llamamos para ver si
vuelve después?
“Pepe” habla por celular y el
juglar queda en llegar hacia las tres y media. Nos quedamos esperándolo.
Faltando quince para las cuatro salimos. “Pepe” enciende el Alfa Romeo y me
comenta que el auto tiene más de dieciséis años, su caño de escape se dañó y no
ha conseguido el dinero que necesita para comprar el repuesto.
—Muchas de mis privaciones han sido
atenuadas por familiares, en especial mis hermanos, mis amigos y algunas otras personas
que sin conocerme me han brindado un crédito de confianza.
Estaciona frente al Camping de
los dos Pinos, monto las maletas en el baúl, tomamos algunas calles que llevan
a la terminal y las bajo. Abro la grande, saco una copia de “Creaturas del
Mandala” y se la regalo.
—Escríbele a Eduardo y dale tus
comentarios. Se pondría feliz de saber que un santiagueño lo leyó. Me voy con
un vacío en el estómago.
—Podrías quedarte esta noche.
Iríamos a comer y conocerías al juglar.
—Lo sé, pero debo seguir
adelante.
Nos damos un abrazo, entro al bus,
me acomodo en el primer asiento del segundo piso y me relajo. Al minuto
abandonamos la terminal, recorremos algunas calles arboladas y salimos a la
carretera. El paisaje vuelve a ser el de la estepa llena de calafates y
coirones. Todo estaría perfecto de haber podido ver en acción al juglar. Desde
que era chico he oído hablar de los juglares, seres míticos con trajes de
arlequín, voz de tono alto y estilo picarezco al recitar y cantar las poesías
de los trovadores. Algunos incluso eran portadores de la tradición oral que se
transmitía de una generación a otra. Tal vez nunca vuelva a tener la
oportunidad de conocer uno real, de carne y hueso, uno que tiene un trabajo, hijos,
paga las cuentas, llora y ríe, y tal vez llore más de lo que ría, porque siente
la vibración de la vida en su interior y ama la poesía y la música…
Reporte publicado desde Santiago
de Chile.
Espere nuevas crónicas y
fragmentos del cuaderno de viaje “En busca de poetas”.
Para mayor información visite la
página: www.enbuscadepoetas.com
Vea fotos en: www.eduardobecharanavratilova.blogspot.com
Lea crónicas anteriores en:
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Agradecemos a Pavimentos Colombia
S.A.S., patrocinador del proyecto.
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